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domingo, 4 de octubre de 2009

siempre el mar

las huellas de sus pequeños pies se iban dibujando y desdibujando, bajo los contínuos espamos del mar. las olas. la espuma. y sus manos secas.

y no se parecía al día de verano con el que tanto habían soñado alguna vez, los dos: lisos y llanos, enredados por las sábanas. se acordaba de ese olor que se había quedado impregndo en cada pliegue; ese olor que no lo dejaba dormir, porque iba evocando lenta y dolorosamente su espalda, la espalda que llevaba impresa todas las promesas y gemidos que se leían en la historia de los dos.

como las olas eran las sábanas
como las sábanas eran las olas

niño con ojos de muñeca, ojitos marinos, azules por el frío y las manos de él. las manos secas de él.

sus huellas seguían esparcidas por toda la arena, sus huellas no se borrarían hasta la noche, cuando la marea subiera. cuando el mar y la arena se hiciesen uno solo. cuando sus ojos y la espalda de él se disolvieran en una sola cama.


martes, 27 de enero de 2009

mr.blue

A pesar de todo, el Señor Azulado detestaba el azul. No soportaba mirarse al espejo y ver algo más azul que el mar(sí, siempre el mar).


De tanto pensar, se arrepentiría y lloraría en un rincón oscuro(y azul), por más que ese rojo fuese maravilloso, le dolía (¡tanto!). En efecto, sus brazos se ahogaban en el Mar Rojo.

Su madre, su perra y ella (my dear), lo lamentaban todos los días.

jueves, 1 de enero de 2009

capitán sin su barco



Una mañana soleada, como la de hoy, cosas raras pasaban en las aguas templadas del Pacífico. El barco de papel se estaba ablandando, tan blando como la tortuga de felpa que asesinaste frente a mis ojos. Lentamente se volvía frágil-frágil, hasta que esa mañana comenzó a deshacerse.

Ya al medio día, estaba convertido en partículas casi-invisibles, iluminadas por el plenilunio se quedaron impregnadas en el fondo marino.

Su tripulación había gritado despavorida al verse envueltos por el azul mar, intentos desesperados por aferrarse a...algo. Los bordes del barco se convertían en nada, en sus propias manos. Gritos maldecían el cielo. ¿Qué culpa tenía él? Si el mar fue.


P.S:feliz año nuevo

sábado, 6 de septiembre de 2008

pez


r: ya no hay más ósculos de pez

a: sí, lo sé

r:¿ es qué no te das cuenta?. El pez ya no está en su pecera

a: me doy cuenta de que quiere ir al mar

r: pero él se muere, el pez se muere intentándolo

a: ¿y qué quieres que haga?

(convulsiones del pez, a 4,5 centímetros de la famosa pecera)