Mostrando entradas con la etiqueta otoño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta otoño. Mostrar todas las entradas

lunes, 12 de julio de 2010

No soy la hija de los parques en otoño

"(...)Siento nostalgia de parques abanonados
donde la mala hierba borre todas las huellas
y donde arbustos descuidados estrechen los caminos(...)"
La última Niebla-María Luisa Bombal

Nunca fui la hija
de los parques en otoño
no fui la hija
de un escritor postmoderno
ni por poco la de una loca
limpiando cada espacio de su casa
porque entre tanto detergente
y alergia por el polvo
cree que va a encaminarse
por el sendero de la felicidad
aunque se por el día
que dure la casa limpia.

No soy la hija
de las fiestas adolescentes
esas con amigos superpuestos
y estupefacientes color amapola
para olvidarse un ratito
de las promesas y los versos
que recitaba un presidente invisible
mientras yo dormía.

Fui la hija
de las risas desesperadas
y las conversaciones incómodas
La de la pena forzada
y pasada de moda
La que nunca se para derecha
porque la mochila del miedo
le está carcomiendo
de a poquito
las vértebras

Y ahora
y ahora
y ahora

No soy la hija de nadie
soy la bastarda
de este parque sin piletas.


jueves, 16 de julio de 2009

las líneas de las hojas

Muy, muy desarrollados
se te desparramaban los párpados
sobre las sábanas
las sábanas blancas
donde caiste lascivo
con ese y con ce
con ese y con ce

Involucionan tus manos
en el despertar altivo
de esta otoñada
que arrastra
todas esas palabras bonitas
que le dijiste alguna vez
palabras incandescentes.

Y vas a apuntar el mapa
perdiéndote un ratito en él
nunca hiciste las maletas
las deshacías siempre
mordiendo la bombilla
del juguito de mediodía
mordiéndolo a él
te decía el doctor
no
y es que las bisagras de tu puerta
nunca funcionaban.

domingo, 17 de agosto de 2008


Y después de cada domingo...
Yo no viví mi infancia con mi señora madre, casi todos los recuerdos de aquel período soleado me evocan caras arrugadas y con expresiones cansinas pero alegres. Con puros viejitos, era súper-divertido.

Me cuidaban mucho, me daban dulces y mucho dinero para hacer lo que yo quisiese; cuando estaba aburrida le pedía a una de las mujeres ancianas si quería jugar conmigo y entonces estaba toda la casa de adobe de Av.Chile en el patio trasero que era como una selva misteriosa llena de extrañas y exóticas plantas. Cuando jugabamos a la peluquería , ellas me prestaban sus cabecitas para que yo les hiciése peinados muy a la moda (en esos tiempos pó), les ponía muchos colores a sus caras y eran todas unas travestis al final de la jornada. También el patio se convertía en un fino restaurant y yo la garçon ...bueno el garçon, mientras la tortuga Maruja aún estaba viva y nos miraba con esa mirada pasiva tan habitual en ella.

Cuando el Rami se iba a vivir a la casa por largas semanas nos gustaba salir con capas de superhéroes al supermercado, él usaba una roja y yo una azul. Mientras corríamos por las veredas, desde atrás nos miraba nuestra señora abuela.

Pero inevitablemente pasaron muchos otoños, demasiados para mi gusto. Yo pelié con el Rami, después volvimos a ser pseudo amigos-primos, pero nada que ver con antes.

Y lo más fastidioso y anti-divertido: los viejitos se volvieron cadáveres. Cadáveres vivientes que por pura suerte los gusanos no han venido a mordisquear sus malolientes trapos.

Ahora ...ahora soy sólo una "mirona".
-¿ Quién es esa mujer qué me mira ahí en la puerta?- dijo el cadáver desde su tumba.
Y me acordé rápidamente de la sombra verde.Que irónico , fue como un designio palafernálico.

martes, 8 de abril de 2008

las hojas del otoño

La brisa otoñal apenas alcanza a rozar mi cara. Las hojas caídas me hacen recordar lo linda y extraña que es la añorada estación.

Porque el otoño acarrea una serie de acontecimientos que derivan en algo realmente grande a través de los fríos meses.

Cada hoja que cae en la acera de la calle que solía pasar, lleva escrito en su superficie memorias ilegibles.
Es como el papel roneo que antes nos daban impreso en el colegio , de tonos cafés y una mezcla fría-cálida. Evoca la nostalgia . El sabor de la nostalgia de cada hoja que revolotea al lado de los transeuntes.