jueves, 23 de octubre de 2008

So pendejo


-¡ So pendejo!.

Grita ella.

Su voz es invaluable. Pero el pendejo no hace más que comprar cosas de segunda mano(se sabe que una vez compró una de décima mano).

- Hey! ya supéralo

Su voz es tan dura como las rocas azotadas por el mar. Los pies del pendejo se detienen y gira su cabeza en cámara len-ta.

- ¿ Qué dices?-frunce el cejo.

- La luz no se va a encender hasta que le cambien la bombilla...

Puta!

-...y sólo así podrás hacer uso del tendido eléctrico-una solemnidad medio patética expulsaban los labios de ella.

Puta!...mi puta. Ni con las coimas de todos los políticos del mundo podría pagar tus servicios.

- No soy tu puta-entorna los ojos- Lo fuí, ya no.

- ¿Y ahora qué eres?

- No , no desvíes tus palabras-dice ella recobrando su postura ás-pera.- Súperala a ella. Y paga la maldita cuenta de la luz, so pendejo!

jueves, 16 de octubre de 2008

esos gorriones...

yo no tengo un chincol como ella.

Tengo unos gorriones estúpidos y medio extraños.De lejos parecen palomas, pero no son tan asquerosos. Igualmente se pararon en el borde de la ventana, sin sentir vértigo por los 12 pisos que los separan del suelo, aunque da igual porque tienen alas y yo no.

No sé que habrán creído, pero empezaron a picotear el vidrio de la ventana, quizás esperando que se quebrara o algo asi. Los fuí a ver, cuando me acercaban-se alejaban y visceversa, el juguito al final se volvió bastante irritante, cansada me fuí y ellos se fueron.

Pero hoy en la mañana vi unas plumas sueltas.
Creo que me compraré una escopeta para que pueda almorzarlos con pimienta.


( necesito polvo eh)

domingo, 21 de septiembre de 2008

tic-tac naranja



La semana pasada, la pasada semana fue muy particular. Y es que Raimundo esperaba inconsciente todo el día para que el segundero del cú-cú se posara sobre ese ángulo, que al mirarlo hacía que su pulso se detuviera y sus ojos se pusieran como plato frente a él.

Ahora tomaba "pastillas para poder ser feliz", había escuchado esa expresión de una agradable señorita hace un par de años. El hombre de la voz profunda que se las había recetado, había dicho que el tiempo era subjetivo, Raimundo no sabía a que se refería en realidad, pero bien sabía que siempre pensaba en el tiempo: a cada segundo, a cada minuto, a cada hora, a cada día, a cada semana, a cada mes, a cada y a cada década que se habían impregnado sobre su piel.

Los primeros días del tratamiento de la felicidad fueron terribles, parecía uno de los zombies del video Thriller del señor(a) de Mentira, salvo que Raimundo jamás hubiese podido moverse de forma tan impresionante. No creía que estuviera dando resultado, de seguro el hombre-voz-profunda había cometido un error en la prescripción. Por las tardes se agachaba frente a la cama, agarraba con fuerza su cabeza y contenía la respiración con mucho esfuerzo; estas no eran pastillas de felicidad, eran de angustiante desesperación: le angustiaba no poder ir al ritmo del reloj.

Nadie entendía que Raimundo necesitaba estar pendiente del tiempo, debía evocar aquel memento. Él tampoco los entendía, era recíproco; no entendía el por qué de semejante alaraca que se había poducido al hablar acerca de el segundo más feliz de su vida:

La entrada a la alacena anaranjada había estado abierta, su resplandor inundaba el angosto pasillo, no podía perderse semejante oportunidad. Con su reloj en la muñeca, saltó al sitio. Una sensación de increíble paz se apoderó de él, podría haber muerto anarajando e irónicamente el tiempo ya no existía ahí, él era feliz. De improviso, unos fríos brazos aprisionaron a Raimundo para extraerlo del utópico lugar. Empapado de naranjo y con una frondosa sonrisa miraba su reloj; apenas había pasado un segundo.

lunes, 8 de septiembre de 2008

me gusta

( extracto de la Petite Monstre, de ella sólo queda la sangre violeta esparcida por mis manos. Maldita retraída del pasado)

I Parte

... Me gusta cuando te pones feliz, porque pareciera que fuese a durar para siempre. Pero aún más me gusta cuando tu felicidad fácil , se apaga y entonces es cuando espero ansiosa a que llegue el momento en que la felicidad irradie de los poros de tu piel.


II Parte

L
uego de la última gota que se desliza por tu cara.

Es cuando me agrada contemplar y llegar a adorar esa fotografía, quedas pálido como la Luna, una belleza casi-romántica exhiben tus palabras, un rostro inmaculado. La pureza, la higiene de los sentimientos, o el fin del llanto.

sábado, 6 de septiembre de 2008

pez


r: ya no hay más ósculos de pez

a: sí, lo sé

r:¿ es qué no te das cuenta?. El pez ya no está en su pecera

a: me doy cuenta de que quiere ir al mar

r: pero él se muere, el pez se muere intentándolo

a: ¿y qué quieres que haga?

(convulsiones del pez, a 4,5 centímetros de la famosa pecera)

viernes, 29 de agosto de 2008

Señorito Interespacial


El Señorito quiere hacer un largo vaje. Una vía por el cosmos, cerca del Sol y las otras estrellas, mirar nuestras diminutas cabezas desde la Luna. El Señorito quiere ser Interespacial.

El Señorito Interespacial construyó una nave de cartón, luego la pintó de un verde parecido al del hombrecito que felizmente camina en el semáforo. No quiere confesarlo, pero yo sé que la pintó así porque quiere atraer a los marcianos y así poder traerse uno a la Tierra, serían amigos inseparables, y lo más maravilloso es que podría tomar con él todas las noches un técito antes de dormir.

El traje del Señorito Interespacial es hecho a la medida, se apega a los contornos de su cuerpecito de niño. Es de una tela especial, más que adecuada para el espacio sideral, color fucsia para darle el toque infaltable de señorito. Lleva puesto un cinturón con luces intermitentes de todos los colores imaginables, así sería imposible acceder a la oscuridad que tanto miedo le tenía.

En su cuello lleva colgada la llave de la despensa de su nave, que resguarda las efímeras golosinas y ciertos manjares deliciosos que tanto le gustan. No puede correr el riesgo de que cualquier críatura meta sus narices(si es que la tienen) en su tan apreciada despensa.

El Señorito Interespacial espera su despegue mirando con anhelo la constelación de Pegaso; a él le hubiera gustado ser un caballo alado, sería muy alucinante tanto como el viaje al espacio.

El Señorito ajusta su cinturón, se instala en su frágil-frágil nave y cierra los ojos con fuerza. Cuenta regresiva: 10-9-8-7-6-5-4-3-2-1. Despegue...
( la nave queda suspendida en el aire)

Error. Grave error... Y es que se le olvidó lo más importante: el oxígeno.

viernes, 22 de agosto de 2008

un disfraz de cocodrilo

Un disfraz de cocodrilo
con colores fosforescentes
inunda todas las veredas
encandilando a sus transeuntes.

Un disfraz de cocodrilo
es un modelo muy a la moda
casual para el día
y sublime para la noche.

Un disfraz de cocodrirlo
por supuesto que no debe mojarse
no en cualquier estanque
debe ser uno de aguas naranjas.

Naranjas se separan
aguas repletas de peces
con escamas brillantes
un espectáculo de artificios.

Cuando el cocodrilo come
como un rey-cocodrilo
toda la temporada
no deja, no deja de brillar.

domingo, 17 de agosto de 2008


Y después de cada domingo...
Yo no viví mi infancia con mi señora madre, casi todos los recuerdos de aquel período soleado me evocan caras arrugadas y con expresiones cansinas pero alegres. Con puros viejitos, era súper-divertido.

Me cuidaban mucho, me daban dulces y mucho dinero para hacer lo que yo quisiese; cuando estaba aburrida le pedía a una de las mujeres ancianas si quería jugar conmigo y entonces estaba toda la casa de adobe de Av.Chile en el patio trasero que era como una selva misteriosa llena de extrañas y exóticas plantas. Cuando jugabamos a la peluquería , ellas me prestaban sus cabecitas para que yo les hiciése peinados muy a la moda (en esos tiempos pó), les ponía muchos colores a sus caras y eran todas unas travestis al final de la jornada. También el patio se convertía en un fino restaurant y yo la garçon ...bueno el garçon, mientras la tortuga Maruja aún estaba viva y nos miraba con esa mirada pasiva tan habitual en ella.

Cuando el Rami se iba a vivir a la casa por largas semanas nos gustaba salir con capas de superhéroes al supermercado, él usaba una roja y yo una azul. Mientras corríamos por las veredas, desde atrás nos miraba nuestra señora abuela.

Pero inevitablemente pasaron muchos otoños, demasiados para mi gusto. Yo pelié con el Rami, después volvimos a ser pseudo amigos-primos, pero nada que ver con antes.

Y lo más fastidioso y anti-divertido: los viejitos se volvieron cadáveres. Cadáveres vivientes que por pura suerte los gusanos no han venido a mordisquear sus malolientes trapos.

Ahora ...ahora soy sólo una "mirona".
-¿ Quién es esa mujer qué me mira ahí en la puerta?- dijo el cadáver desde su tumba.
Y me acordé rápidamente de la sombra verde.Que irónico , fue como un designio palafernálico.